San Miguel: la iglesia que Sevilla perdió para siempre
Hay una Sevilla que ya no podemos visitar.
Una Sevilla de iglesias, conventos, palacios y calles que durante siglos formaron parte de la ciudad y que, por diferentes circunstancias, terminaron desapareciendo. Entre aquellas pérdidas se encuentra la iglesia de San Miguel, uno de los antiguos templos del casco histórico de Sevilla.
Una iglesia medieval en el corazón de Sevilla
San Miguel pertenecía al conjunto de las antiguas parroquias sevillanas y era un templo de tradición gótico-mudéjar.
Su origen se remontaba a los primeros tiempos de la Sevilla cristiana y, después del terremoto de 1356, quedó muy dañada y fue reconstruida durante el reinado de Pedro I de Castilla, por mandato del monarca y por iniciativa del arzobispo Nuño de Fuentes.
El templo estaba construido en piedra y ladrillo y contaba con tres naves, siendo la central más ancha, cubiertas por bóvedas de crucería. Tenía también un profundo presbiterio y tres puertas.
El historiador Félix González de León, que había sido bautizado precisamente en esta parroquia, todavía pudo conocerla y describirla en el siglo XIX como un edificio de hermosa construcción gótica, con robustos pilares y fuertes bóvedas.
Era, por tanto, una de aquellas iglesias que formaban parte inseparable del paisaje histórico de Sevilla.
Pero los siglos tampoco pasaron en vano por sus muros.
En 1755, el terremoto de Lisboa causó importantes daños en la ciudad y San Miguel volvió a sufrir graves desperfectos. El templo tuvo que ser reparado y las obras se prolongaron entre 1755 y 1757.
San Miguel sobrevivió al terremoto.
Lo que no conseguiría sobrevivir sería al siglo XIX.
La Revolución que cambió el paisaje de Sevilla
En septiembre de 1868 triunfó la revolución conocida como La Gloriosa.
En Sevilla se constituyó una Junta Revolucionaria que emprendió una profunda transformación del paisaje urbano.
El 6 de octubre de aquel año se acordó la supresión de doce parroquias y veintitrés templos que no tenían esa condición.
San Miguel estaba entre ellos.
La decisión provocó oposición.
Entre quienes defendieron la conservación del templo estuvo el canónigo Francisco Mateos Gago, miembro de la Comisión Provincial de Monumentos Artísticos.
Pero la decisión estaba tomada.
El 8 de noviembre de 1868 comenzó el derribo.
Y aquello que había permanecido en pie durante siglos comenzó a desaparecer.
Lo más sorprendente es que el derribo no fue tan rápido como podríamos imaginar.
En 1871 todavía no había terminado completamente.
La iglesia que había sobrevivido a terremotos, cambios políticos, generaciones y siglos de historia estaba desapareciendo, piedra a piedra, precisamente cuando Sevilla entraba en una nueva época.
La antigua parroquia dejó de formar parte del paisaje.
Pero su historia no terminó con el derribo.
El hombre que quiso descansar en San Miguel
Quizá ninguna historia explique mejor la importancia de aquel templo que la de Américo Vespucio.
El florentino llegó a Sevilla y terminó convirtiéndose en una figura fundamental de la ciudad de los descubrimientos.
Fue comerciante, navegante, cosmógrafo y, en 1508, se convirtió en el primer Piloto Mayor de la Casa de la Contratación.
Su relación con Sevilla fue tan estrecha que aquí pasó sus últimos años.
Murió en 1512.
Y años antes, en su testamento, había dejado escrita una voluntad muy concreta: quería ser enterrado en la iglesia de San Miguel de Sevilla, en el panteón de la familia de su esposa, María Cerezo.
El documento se conserva como una de las grandes piezas documentales relacionadas con el personaje.
San Miguel se convirtió así en el lugar elegido para el descanso de uno de los hombres cuyo nombre terminaría asociado para siempre a América.
Y aquí comienza uno de los grandes enigmas de esta historia.
Cuando la iglesia fue derribada en 1868, no existe constancia conocida de una exhumación y traslado de los restos de Vespucio.
Por eso, la historia de San Miguel y la de Américo Vespucio quedaron unidas para siempre a un misterio.
¿Dónde están sus restos?
La tradición sevillana ha sostenido que permanecieron bajo aquel lugar.
La documentación histórica, sin embargo, obliga a ser prudentes. La Junta de Andalucía señala que actualmente se considera que Vespucio descansa en la iglesia de Ognissanti, en Florencia, mientras que investigaciones sevillanas han señalado que no consta documentalmente una exhumación de sus restos cuando San Miguel fue derribada.
Y quizá sea precisamente esa incertidumbre la que hace todavía más fascinante la historia.
Porque puede que bajo la Sevilla que vemos hoy se encuentre todavía una parte de la historia de aquel hombre que dio nombre a un continente.
Una iglesia llena de arte
San Miguel tampoco era un templo vacío de patrimonio.
En su interior se encontraban obras de gran interés artístico.
Entre ellas había una copia de la Sagrada Familia de Rafael y un Ecce Homo atribuido a Van Dyck.
El templo también contó con importantes retablos.
El retablo mayor realizado por Francisco Dionisio de Ribas en el siglo XVII fue sustituido posteriormente por otro de Juan de Astorga, realizado en 1829.
En el primero se encontraba la imagen de San Miguel, una talla realizada por el propio Ribas.
La iglesia desapareció.
Pero no todo su patrimonio corrió la misma suerte.
Algunas piezas fueron trasladadas a otros templos sevillanos.
La imagen de San Miguel que presidía el antiguo retablo mayor sobrevivió y actualmente se encuentra vinculada a la iglesia de San Antonio Abad.
La reja de la antigua capilla de la Soledad también sobrevivió al derribo y terminó en San Lorenzo.
Y hay otro elemento que quizá resulte todavía más importante para reconstruir la historia de aquella parroquia:
su archivo.
La memoria documental de San Miguel no desapareció completamente con sus muros. Su archivo parroquial se conserva en la iglesia de Santa María Magdalena.
San Miguel y las hermandades sevillanas
Durante su larga historia, San Miguel también estuvo relacionado con la vida de algunas de las grandes hermandades de Sevilla.
En distintos momentos del siglo XIX, hermandades como El Amor, Pasión y la Soledad de San Lorenzo tuvieron allí su sede temporal.
Aquellas cofradías formaron parte de la vida cotidiana de la parroquia y contribuyeron a convertir San Miguel en uno de esos lugares donde la religiosidad sevillana se mezclaba con la vida diaria de sus vecinos.
Las investigaciones y actuaciones arqueológicas realizadas en el entorno de la actual Plaza del Duque han permitido localizar restos relacionados con el antiguo templo, entre ellos sus cimientos, la zona del ábside y enterramientos.
Cuando hoy caminamos por la Plaza del Duque, estamos pasando por encima de una parte de la Sevilla medieval y moderna.
El solar ha tenido además diferentes usos a lo largo de la historia más reciente. Tras la desaparición de San Miguel, allí se levantó el Teatro del Duque, que durante años formó parte de la vida cultural de esta zona de Sevilla.
Posteriormente, el lugar acogió un edificio sindical construido durante el franquismo, que con el paso del tiempo se convertiría en sede de Comisiones Obreras.
Hoy, sobre aquel mismo espacio donde durante siglos estuvo la antigua parroquia de San Miguel, se levanta un hotel.




